A dieta de tiempo improductivo

Cuando queremos hacer un cambio de hábitos en nuestra productividad diaria, tenemos en las dietas alimentarias un buen modelo a seguir.

Seguramente te suene la “operación bikini”. La típica fase primaveral en la que empiezas a controlarte con el azúcar, intentas no repetir o te preparas más ensaladas para reducir un poco de volumen, y que la ropa de verano te siente tan bien como el año pasado. Es una clara voluntad de cambio de ciertos hábitos con un objetivo en mente.

Y es que cualquier dieta alimentaria que practiquemos (seguro que tú o alguien cercano a ti ha pasado por esto) consta de las siguientes fases:

  • detección del problema
  • motivación
  • objetivo
  • análisis de la situación actual
  • puesta en práctica
  • y resultados

Cuando ya no nos sentimos bien con nuestro cuerpo, nos cuesta hacer algunas actividades o, simplemente, no toleramos algún tipo de comida, es cuando nos encontramos en la primera de las fases: la detección del problema.

En la fase de motivación nos imaginamos sin esos kilos de más, siendo capaces de ponernos esas camisetas ajustadas, saliendo de casa con ese orgullo de haberlo conseguido o dejando de comer aquel alimento que nuestro cuerpo o nuestra ideología no toleran.

Marcarnos un objetivo nos va a definir cuantos kilos queremos perder, a qué peso “ideal”  queremos llegar, o qué tipo de alimento vamos a dejar de comer, por poner algunos ejemplos.

Durante el análisis de la situación actual nos ponemos a mirar con detalle todo lo que comemos. Es la fase de leer las etiquetas para saber cuántos azúcares hay aquí, si esto tiene gluten o no, etc. También es cuando sacamos la balanza del fondo del armario de la cocina y se convierte en nuestro cacharro estrella. Esta fase es realmente importante porque es cuando realmente nos damos cuenta de lo mal que lo estábamos haciendo anteriormente.

La puesta en práctica es la fase más difícil, ya que constantemente nuestro cerebro y nuestro cuerpo nos van a pedir que volvamos a lo de antes para ceder a los antojos que nos acechan y liberarnos ya de este autocontrol que tanto nos molesta.

Finalmente, los resultados nos muestran si todo el esfuerzo ha valido la pena, y si la imagen obtenida tiene relación con aquella que imaginábamos cuando estábamos tan motivados al principio.

Pues bien, cuando queremos ser más productivos y ganar más tiempo personal, pasamos por unas fases muy similares. Probablemente tú te encuentres en la fase de detección del problema. Hay algo en tu vida que no funciona, intentas no hacerle mucho caso porque crees que es algo que no puedes cambiar, que simplemente es así y debes aceptarlo. La falta de tiempo personal es un lujo al que te crees que puedes renunciar.

Pero llega un momento en que recuerdas cosas que hacías cuando tenías tiempo, y lo bien que te sentías al hacerlas. Y vuelves a plantear el tema. Este tipo de vida no te hace bien. No es lo que tú querías. Aquí es cuando tienes el problema detectado.

Empiezas a informarte un poco por Google y quizá te compras una agenda o incluso algún libro de “cómo organizar tu vida”. Escribes listas interminables, y ya te imaginas dándolo todo en el despacho, sin olvidarte de nada, y saliendo cada tarde a una hora decente con el trabajo hecho. Vas a ser una persona organizada de una vez Ya tienes la motivación.

Después del primer subidón, te das cuenta de que es difícil mantener los nuevos hábitos y que esto va a ser más complicado de lo que esperabas. Pero al menos, te prometes que vas a intentar tener un par de horas libres cada tarde después del trabajo para ti. Ya tienes un objetivo.

La mayoría de la gente que intenta ser más organizada y/o productiva se queda en este punto, y es una pena porque a partir de aquí es cuando empieza lo bueno. Si éste ha sido tu caso en alguna ocasión, te animo a que sigas.

Si quieres seguir adelante con la dieta de tiempo improductivo, inicia el análisis de la situación actual. La fase que sin duda te aportará más información para poder modelar tu nuevo día a día. Esta fase consiste en apuntar en qué gastas tu tiempo. Sí, así es. Durante dos o tres semanas, apunta en una libreta, un excel o una app (Clockify es genial para eso) a qué dedicas tu día a día en fracciones de 15’. El gran valor de este ejercicio es que al cabo de este tiempo puedes sumar cuántas horas has dedicado a trabajo productivo, cuánto tiempo has perdido en las redes sociales, cuánto tiempo no has dedicado a buscar nuevos clientes, etc. Es una foto extraordinaria del mal uso del tiempo al que estamos acostumbrados.

Esta práctica es muy utilizada en la cultura anglosajona o en otras profesiones como en la abogacía y ciertamente, tiene muchas ventajas. A parte de saber a qué dedicas el tiempo, podrás también conocer cuánto tardas en realizar las tareas y los proyectos, y eso es una gran referencia a la hora de establecer honorarios.

Una vez tienes cierta información acerca de a qué dedicas tu tiempo, ya puedes poner en práctica la dieta de tiempo improductivo. Empieza por eliminar los ladrones de tiempo (redes sociales por ejemplo), intenta evitar interrupciones para obtener tiempo continuado de concentración y ves ajustando según tus objetivos.

Al cabo de unas semanas, vas a poder comprobar si tu dieta funciona. Si tienes un poco de fuerza de voluntad y constancia, los resultados van a llegar seguro. 

Trabajar productivamente y obtener tiempo personal no es algo que nadie te va a regalar. Más bien se trata de priorizar y bloquear cierto tiempo personal, y luego ser más productivo en el trabajo para hacer lo mismo que hacías en una jornada más corta. Volviendo a las dietas alimentarias, sería como alimentarte de forma más sana, prescindiendo de todo aquello que no te beneficia.

Y tú, ¿te animas a probar la dieta?

 

Gracias por estar ahí.

Agus

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