Cómo pasar de estudiante remunerado a empresario de arquitectura

Si estás leyendo este artículo puede que sea porque lo de “estudiante remunerado” debe haber resonado en tu conciencia. Aunque ahora tengas tu estudio propio, tengas encargos, clientes, vayas hasta arriba de trabajo y hasta puedas vivir de ello, puede que tu realidad no haya cambiado mucho de la que tenías cuando estabas en la universidad.

Sí, ahora los proyectos son reales, la responsabilidad es real, los condicionantes son mucho más complejos, los agentes con los que tratar más numerosos, pero la mecánica sigue siendo la misma. Un día un cliente se acerca a tu puerta y te propone un ejercicio en un emplazamiento concreto, al igual que tu profesor hacía en la asignatura de Proyectos. Y tú, con toda la ilusión, haces tu investigación, buscas tus referencias, propones tu solución más ingeniosa con ese diseño que te enamora, y preparas una presentación para tu cliente (la corrección del profesor). Y el diseño va evolucionando, y coge forma, y se va convirtiendo en una realidad, y al final del ejercicio, el cliente te paga por ello ¡genial!

Si crees que tener tu propio estudio es poder ir encadenando un ejercicio tras otro, además de algún otro trabajito que ayude a pagar las facturas (léase un informe o una cédula de habitabilidad), creo que tu posición como profesional es todavía la de un estudiante remunerado, y dista bastante de la de alguien emprendedor que ha decidido abrir e impulsar su propio negocio.

Cuando los post-estudiantes de arquitectura salimos de la escuela con la idea de montar nuestro propio estudio, lo que buscamos simplemente es obtener nuevos ejercicios de proyectos, y ser pagados por demostrar nuestro valor como técnicos y diseñadores, pero nadie nos enseña a ser conscientes de lo que supone emprender como profesionales autónomos. Quizá, algún gestor nos explicará como funciona el IVA, el IRPF, el alta en la Seguridad Social y el seguro de RC y gracias a ello, nos lanzamos a la calle a buscar los primeros encargos. Pero hay que ser conscientes de que abrir un negocio propio es muchísimo más.

El libro “El mito del emprendedor” nos define los tres roles necesarios que toda persona que decida emprender necesita compaginar: el técnico, el emprendedor y el mánager. Veamos cómo funcionan cada uno de ellos:

  • el rol como técnico: Por si todavía no te habías dado cuenta, este es el rol que probablemente estés asumiendo el 95% de tu tiempo. El técnico vive en el presente. Sólo quiere dedicarse a su trabajo y que no le molesten. Es el que disfruta haciendo lo que sabe hacer, y quiere ser pagado por ello. No quiere preocuparse por tener que buscar nuevos encargos ni tener que discutirse con los clientes para que sus diseños salgan adelante. Si fuera por él, trabajaría en soledad y las horas que hicieran falta para que sus proyectos llegasen a buen puerto.
  • el rol como emprendedor: Es el visionario, el que vive en el futuro. Es el que un día te dió un empujón y te lanzó a abrir tu estudio, imaginando tus proyectos publicados en las revistas y recibiendo algún que otro premio. Es el que sueña con una arquitectura de calidad y sostenible, que permita posicionarte como alguien diferenciado de la competencia. También es el que sabe vender esa imagen a tus clientes, y el que se entusiasma contando lo maravillosos que son tus diseños y cómo intentas mejorar el mundo a través de ellos.
  • el rol como mánager: Es el gestor, el que organiza. La persona que baja a la tierra las visiones del emprendedor. El que busca las piezas necesarias y las coloca de forma adecuada para que una idea de negocio pase a ser una realidad. El que establece cómo se va a trabajar en el estudio, quién va a hacer qué y para cuándo va a estar hecho. Gracias a él se pagan las facturas, se termina el trabajo a tiempo y se satisface a los clientes. Vive en el pasado porque sabe que sólo mirando hacia atrás y analizando puede mejorarse la manera cómo se trabaja.

Si tuviera que adivinar cuál de los tres roles tienes más abandonado, creo que tendría muchas posibilidades de acertar si te dijera que lo de mánager no es tu fuerte, ¿verdad?

Sé que te gustaría hacerlo mejor, implantar algún que otro estándar para que todo fuera más fluído y, sobretodo, que el tema administrativo no sea tan pesado.

Pues bien, déjame decirte que trabajar en este tercer rol te permite mucho más. El mánager sabe sistematizar tu trabajo, ordenarlo, definir cómo hay que hacerlo, medir los resultados y cómo mejorarlo. Esto se traduce en que el estudio pasa a funcionar gracias a un sistema y no sólo a las personas que lo forman. De esa forma, te permite cosas como:

  • tomarte unas vacaciones sin que el trabajo tenga que pararse
  • dedicarte a lo que tú aportas valor
  • minimizar todo el tema administrativo, gracias a un trabajo de optimización
  • que tu actividad sea rentable económicamente
  • que cualquiera pueda aprender cómo se trabaja en tu firma y, gracias a ello, que tu estudio pueda crecer

Si no hay cosa que te aburra más que ponerte a implantar procesos, sistemas, plantillas y todo lo demás y sabes que no vas a encontrar nunca un momento para ello, deja que otro mánager te ayude y lo haga por ti. Arquiefectivo te propone ser tu mánager para poder transformar tu estudio “de artesano” en una empresa real, dónde ya no seas tan imprescindible, dónde todo el equipo trabajéis de una forma equilibrada para obtener un mejor resultado. Si la idea te interesa, echa un vistazo al programa Piensa en Grande.

Llevar adelante tu propio estudio requiere ir cambiando de gafas y tener una visión a tres bandas. Incluso deberías dedicar partes de tu semana a ejercer en cada uno de los roles que hemos explicado. Tu trabajo no sólo tiene que ver con resolver los aspectos técnicos (el “qué”), sino que tienes que saber “para qué” estás en esta aventura y “cómo” lo vas a llevar a cabo. Ese buen equilibrio es la base para una actividad firme y próspera.

Gracias por estar ahí.

Agus

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Soy Agus Boada, arquitecto y apasionado de la productividad en el trabajo. Ayudo a profesionales de la arquitectura a trabajar de una forma más eficiente para obtener un mejor equilibrio con su vida personal.

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